Medicina Natural By Inma Aqui

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sábado, 30 de octubre de 2010

EL PAIS DE LAS FLORES















En el País de las Flores reinaba la amistad, la felicidad y la alegría, y eso se reflejaba en las flores que crecían por todas partes.   Flores blancas, amarillas, rojas, verdes, rosas, azules..
¡Sí, también había flores azules!. Había flores de todos los tamaños, formas y colores.
Los pájaros cantaban de alegría ante tanta belleza.   Al llegar el invierno Pichín, un pajarito azul tenía que emigrar con mucha tristeza  y buscar otro país más cálido,, aunque nunca encontraba un país tan hermoso como el País de las Flores.
En este país siempre había flores, incluso en invierno, las flores crecían entre la nieve y el hielo.  El secreto de este misterio era la paz y el amor que practicaban sus habitantes.
Pero este invierno sería diferente…
Andrés y Jaime eran dos hermanos gemelos que siempre habían compartido todo, eran muy amigos y nunca habían discutido, al igual que el resto de habitantes del País de las Flores.
Por su cumpleaños, su mamá  les regaló una bicicleta a cada uno, una era de color verde y la otra era de color azul.  Cuando los niños vieron las bicicletas se pusieron muy contentos, pero ambos querían la bicicleta verde.  A la mamá de los niños le fue imposible encontrar otra bicicleta verde, así que les dijo: “Ninguno cogerá una bicicleta hasta que no os pongáis de acuerdo y hagáis las paces”  Los niños se enfadaron muchísimo y prefirieron no jugar con las bicicletas antes que ponerse de acuerdo.
Se enfadaron tanto que la paz y la alegría del País de las Flores desapareció.  Las flores comenzaron a desaparecer poco a poco, hasta que los colores desaparecieron y todo tenía un triste color gris.
Al llegar la primavera, Pichín volvía con alegría a su país favorito, pero al llegar no podía creer lo que estaba viendo.  Los campos y jardines ya no existían, todo el mundo estaba triste y enfadado, ya no había flores y el color y la alegría se habían transformado en tristeza.  Pichín vio  una florecilla que apenas tenía fuerza para permanecer de pie, se acercó a ella y le preguntó ¿Qué ha pasado con las flores? ¿Por qué hay tanta tristeza? La flor apenas podía hablar, pero le contó todo lo que había pasado.
Entonces Pichín comenzó a volar sobre el país buscando a los hermanos pero la tristeza había invadido todas las casas y era imposible localizarlos, así que comenzó a cantar, fue de casa en casa alegrando a todos los niños y niñas, que al oírle salían de sus casas asombrados de que alguien estuviera tan contento como para cantar.  
Poco a poco todos fueron recuperando la alegría y las flores comenzaron a crecer, llegaron más pajarillos que ayudaban a Pichín a devolver la alegría y la vida al País de las Flores.  Y así poco a poco todo volvio a ser como antes, todo menos la casa y el jardín de los hermanos que habían discutido..
Ahora le fue más facil a Pichin encontrarlos, ya que en todas partes crecían las flores menos alrededor de la casa de Andres y Jaime. Entonces Pichín y sus amigos se acercaron a la casa y todos juntos comenzaron a cantar con mucha alegría, tan fuerte cantaron que Andrés que estaba en la planta de arriba se asomó por la ventana para ver que pasaba, Jaime que estaba en el garaje tambien se asomó muy curioso para ver que pasaba. 
Los dos hermanos corrieron a la puerta de la casa y se quedaron boquiabiertos contemplando como los pájaros cantaban frente a ellos y como los niños jugaban juntos con alegría y las flores crecían por todas partes, les dio mucha tristeza ver como en su casa no había flores y toda su familia andaba triste y muy preocupada, entonces Andres y Jaime se miraron y con los ojos llenos de lágrimas se dieron un gran abrazo. ¡Por fin  hicieron las paces! 
Las flores comenzaron a crecer también en su jardín y su mamá que vio como se abrazaban se puso muy contenta y salio para abrazarles también. 
Después de todo el invierno sin jugar Andrés y Jaime aprendieron discutir por un juguete no es motivo para que la tristeza gane a la alegría, desde ese momento compartían todo y no había nada que no fuera de los dos






lunes, 27 de septiembre de 2010

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO




Érase un labrador tan pobre, tan pobre, que ni siquiera poseía una vaca. Era el más pobre de la aldea. Y resulta que un día, trabajando en el campo y lamentándose de su suerte, apareció un enanito que le dijo:

-Buen hombre, he oído tus lamentaciones y voy a hacer que tu fortuna cambie. Toma esta gallina; es tan maravillosa que todos los días pone un huevo de oro.

El enanito desapareció sin más ni más y el labrador llevó la gallina a su corral. Al día siguiente, ¡oh sorpresa!, encontró un huevo de oro.

Lo puso en una cestita y se fue con ella a la ciudad, donde vendió el huevo por un alto precio.

Al día siguiente, loco de alegría, encontró otro huevo de oro. ¡Por fin la fortuna había entrado a su casa! Todos los días tenía un nuevo huevo.

Fue así que poco a poco, con el producto de la venta de los huevos, fue convirtiéndose en el hombre más rico de la comarca. Sin embargo, una insensata avaricia hizo presa su corazón y pensó:



"¿Por qué esperar a que cada día la gallina ponga un huevo? Mejor la mato y descubriré la mina de oro que lleva dentro".

Y así lo hizo, pero en el interior de la gallina no encontró ninguna mina. A causa de la avaricia tan desmedida que tuvo, este tonto aldeano malogró la fortuna que tenía.



GENTILEZA DE
.blogspot.com  http://angelescp.blogspot.com/2008/07/la-gallina-de-los-huevos-de-oro.html

lunes, 30 de agosto de 2010

La pócima y el viento








Es noche cerrada en el bosque. El viento sacude las hojas de los árboles, como queriendo extraer su esencia para llevarla lejos, y unirla a su gran colección de sonidos, tomados cada uno de un lugar distinto. Hoy el viento viene cargado de enfados, de rabias, de lloros, de insultos, de amenazas. "Nada de provecho", piensa el brujo, justo antes de que el viento traiga a sus dominios una risa; es una risa simple, con ganas de existir, y el brujo, rápido, la atrapa sin dudar.
"Ya está", dice satisfecho. Su mayor secreto, su conjuro más potente, su pócima más valiosa, está por fin completa. Como siempre, ayudará a quien la reciba a superar mil adversidades, dando al viejo aún más fama en la comarca, si es que se puede ser más famoso. Y como siempre, también, se preguntarán qué oscuras artes habrá utilizado para tan poderosa poción.
Pero el mago no revelará su secreto ¿cómo decir que son sólo 3 sonrisas y buen humor bien tierno, y que con eso basta para hacer frente a todos los males? nadie le creería, así que no perderá el tiempo con explicaciones, y volverá a viajar al bosque, de noche, a esa zona junto al roble, donde el viento trae de cuando en cuando alguna sonrisa fresca.


lunes, 16 de agosto de 2010

viernes, 13 de agosto de 2010

CUENTO DE LA SIRENITA AURORA











En el fondo del mar había un castillo. Allí vivía un rey que tenía seis hijas, todas ellas sirenas de gran belleza. La más bella de todas era la pequeña; su piel era tan suave y delicada como un pétalo de rosa, sus ojos eran azules como el mar.
Como todas las sirenas, no tenía piernas; su cuerpo acababa en una gran cola de pez. Poseía la más bella voz que nunca se había oído.


Todos los días las sirenas jugaban en las grandes habitaciones de palacio. Cuando las ventanas estaban abiertas, los peces entraban y salían libremente. Eran tan mansos que nadaban hasta donde estaban ellas, comían de sus propias manos y se dejaban acariciar y hacer cosquillas.


Nada los gustaba más a las sirenas que escuchar las historias que los explicaba su abuela sobre el mundo que existía más allá del mar. Pedían que les hablase sobre árboles, pájaros, ciudades y personas que utilizaban piernas para caminar.


-Cuando cada una de ustedes cumpla 15 años -decía la abuela-, podrá nadar hasta la superficie del mar y, reclinada sobre alguna roca, ver los barcos que pasan.


Por fin llegó el día en que la sirenita cumplió sus 15 años, saludó a todos y nadó con ligereza ascendiendo hasta la superficie.


Cuando alzó la cabeza sobre el agua, el sol estaba poniéndose, las nubes se veían de color rosa, el mar estaba calmado y empezaba a brillar el sol.


Se quedó deslumbrada mirando las aves que pasaban y las estrellas que iban apareciendo. Gozó con la brisa que rozaba su rostro y acariciaba su pelo.


En la lejanía, vio una nave. Nadando se acercó a ella, se sentó sobre una roca y observó atenta a los marineros que iban y venían alzando las velas.


-¡Qué fuertes y viriles son!- pensaba la sirenita. Se sentía feliz. Pero más se emocionó aún cuando apareció en cubierta un elegante y joven príncipe.


Se había hecho muy tarde ya, pero no podía apartar sus ojos del barco ni del bello príncipe.


De repente el cielo se cubrió de nubes, el viento sopló cada vez más fuerte, los truenos estallaron en estrépito y el mar provocó inmensas olas que sacudieron violentamente el barco hasta hundirlo.


La sirenita nadó precipitadamente para salvar el príncipe. Sostuvo su cabeza sobre las olas, dejando que la corriente les llevase hasta la costa.
Arrastrándose pudo dejarlo sobre la arena de la playa. Le acarició y le besó con mucha ternura. Se quedó a su lado cuidándolo, cantando para él las más bellas canciones durante toda la noche. Cuando salió el sol, vio que el príncipe despertaba. Entonces, volvió al fondo del mar. Volvió a su mundo acuático con el corazón enamorado de un príncipe terrestre.


Explicó a su abuela lo que había sucedido. Ahora solo deseo -le dijo- volver al mundo exterior para poderlo ver. Lo amo. Deseo vivir con él en la tierra!


-¿Pero qué dices, chiquita? -la interrumpió la abuela muy irritada- tu vida, tu mundo, somos nosotros. ¡Ni se te ocurra tal tontería!.


La sirenita, entonces, decidió ir a ver a la bruja del mar. Pese a la repugnancia que le producía, sabía que solo ella la podría ayudar. Nadó hacia las profundidades pasando por aguas arremolinadas, cruzó por entre las piedras y algas enroscadas como verdes serpientes, y finalmente encontró el cubil de la bruja, rodeada de peces con ojos punzantes, tiburones y serpientes. Allá la bruja le dio un brebaje que le permitiría cambiar su cola por unas piernas, para poder salir en la superficie.


La sirenita tomó el brebaje y nadó hasta la superficie. Mientras subía sintió un horrible dolor en su cola de pez. Cuando llegó a la costa tenía dos bonitas piernas. Quiso cantar de felicidad, pero la bruja le había robado, de pasada, su bella voz. Se reclinó en la arena recordando a su amado y se durmió. Cuando despertó, a su lado estaba su príncipe, más bello y radiante que nunca.


-Gracias! - exclamó - Me has salvado la vida, he venido a esta playa todos los días a buscarte. Y hoy, al fin, ¡he tenido la suerte de encontrarte! Ella le miró con los ojos mucho abiertos y le sonrió. -Sin embargo, ¿quien eres?- preguntó el príncipe, afligido. La sirenita negó con la cabeza. El príncipe entonces la cogió de la mano y la llevó al palacio.


-Te diré Aurora- le dijo. La sirenita conoció bailes, realizó paseos por las montañas y cabalgó por los prados.


- Aurora -la gritó un día el príncipe- te presento a Úrsula, princesa de un país lejano. Se quedará con nosotros de visita. La sirenita, mientras saludaba a Úrsula, advirtió algo extraño en sus ojos. Un brillantez de maldad se reflejaba en ellos.


Transcurrían los días y el príncipe se acercaba más y más a Úrsula, dejando sola a la pobre sirenita, que no dejaba de pensar donde había visto aquellos ojos.


Una noche, durante una fiesta a palacio, Úrsula cantó con una voz bella. La sirenita reconoció entonces su propia voz, que la bruja le había robado el día que transformó su cola de pez en piernas de mujer. El príncipe quedó pasmado ante aquella voz, cálida, clara y tierna. Entonces propuso a Úrsula que se casase con él.


La ceremonia se iba a realizar en alta mar. La noche de la boda, la sirenita estaba muy bella, pero más triste que nunca. Mirando el mar, deseó estar al lado de su familia. Fue entonces que surgieron desde el agua sus hermanas mayores. ¡Cuál alegría tuvo al verlas! La sirenita las abrazó con los ojos llenos de lágrimas. Las hermanas le dijeron: - Entregamos a la bruja nuestras joyas para que nos explicase toda la verdad y poderte encontrar.


-Escucha con atención hermanita - dijo la más grande-. Hay una forma de romper el encantamiento de la bruja. Si besas el príncipe este se enamorará nuevamente de ti, volverás a tener tu voz y Úrsula volverá a ser la bruja de los mares.


La sirenita sonrió a sus hermanas y entró en el salón donde todos, reunidos, esperaban la ceremonia de la boda. Se lanzó a los brazos del príncipe y besó sus labios con todo el amor de su alma. En aquel mismo momento se rompió el maléfico embrujamiento. El barco se sacudió con violencia y Úrsula perdió todos sus falsos encantos. Convertida otra vez en bruja, se lanzó al mar.Y todos escucharon de los labios de la sirenita la verdad de la historia.


-¡Como pude hacerte tanto mal! dijo el príncipe conmovido, y añadió dulcemente: -Pido que me perdones y aceptes, si es que aún me quieres, que te proteja y te brinde mi amor para siempre. ¿Deseas ser mi esposa?


La sirenita le miró jubilosa y besó nuevamente sus labios con toda la ternura que tuvo para él desde la noche que le conoció. La fiesta se realizó en un barco de lujo. Fue la boda más espléndida que nunca se hubiese visto.


Las sirenas nadaron hasta la superficie para cantar al unísono. Los peces alzaron la cabeza por encima las olas haciendo brillar sus escamas doradas. Incluso el gran rey de los mares subió para ver a su hija. La sirenita, habiendo ya recuperado la voz, cantó con sus hermanas, llenando de gozo el corazón del príncipe.

martes, 10 de agosto de 2010

LA RATITA PRESUMIDA










Erase una vez una ratita que estaba barriendo la puerta de su casa y cantaba:
"tralará larito barro mi casita y todos los días la misma faena, tralará larito barro mi casita"
y de repente se agachó y cogió una moneda que había en el suelo. -¿Qué me compraré? ¿Qué me compraré?.
- Ya lo tengo: Me compraré caramelos. No, no que se me ensuciaran los dientes. Siguió pensándolo, ¿Qué me compraré? Ya lo tengo: Me compraré un lacito para mi cola.
La ratita fue a la tienda y compró un lazo rojo y lo puso en su cola y se sentó a la puerta de su casa.
Al poco rato pasó por allí un perro que al ver tan elegante a la ratita le dijo: -Ratita, ratita pero que rebonita estás. ¿Te quieres casar conmigo?.
- ¿Y por la noche que harás? Preguntó la ratita.
-!Guau, guau, guau! dijo el perro.
-No, no que me asustarás.
Y el perro se marchó ladrando de rabia.
Todavía se veía al perro por el camino cuando llegó un gallo muy emplumado que al ver tan bonita a la ratita le dijo:
-Ratita, ratita pero que rebonita estás, ¿Te quieres casar conmigo?.
-¿Y por la noche qué harás? le preguntó la ratita
-Quiquiriquí, Quiquiriquí.
-No, no que me asustarás.
Y el gallo fue a buscar una gallina.
A los dos minutos pasó por allí un gato y al ver a la ratita se acercó y le dijo:
- Ratita, ratita, pero que rebonita estás, ¿Te quieres casar conmigo?.
-¿Y por la noche que harás? preguntó la ratita.
-¡ Miau, miau!
-No, no que me asustarás.
Y el gato se alejó maullando.
Una hora más tarde pasó por allí un ratón y al ver a la ratita le dijo:
-Ratita, ratita, pero que rebonita estás ¿Te quieres casar conmigo?.
-Y la ratita le preguntó ¿Y por la noche que harás?
-Dormir y callar, dormir y callar.
-Pues contigo me he de casar.
La ratita presumida se casó con el ratón y vivieron felices, comieron perdices y a nosotros nos dieron con los huesos en las narices.

jueves, 5 de agosto de 2010

CANCION AMI BURRO LE DUELE LA CABEZA














le duelen las orejas
y el medico le ha dado
un jarro de cerveza
un jarro de cerveza
mi burro enfermo está
mi burro enfermo está

A mi burro, a mi burro
le duele la garganta
y el médico le ha dado
una bufanda blanca
una bufanda blanca
mi burro enfermo está
mi burro enfermo está

A mi burro, a mi burro
le duele el corazón
y el médico le ha dado
gotitas de limón
gotitas de limón
mi burro enfermo está
mi burro enfermo está

A mi burro, a mi burro
le duelen las rodillas
y el médico le ha dado
un frasco de pastillas
un frasco de pastillas
mi burro enfermo está
mi burro enfermo está

lunes, 2 de agosto de 2010

¿ Donde duermen los pollitos ?













Cuenta la historia, que un día en un pueblito muy chiquito, había una granja con miles de animalitos muy extraños, que día a día cada uno desempeñaba una tarea diferente. Por ejemplo: al pato,era el primero en levantarse, a las seis de la mañana, preparaba el desayuno al resto de los animales, la vaca, como tenia mucha leche, era la encargada de servirla, el perro pastor, despertaba a las ovejas y las llevaba hasta el arroyo para que se lavaran la cara y los dientes, los caballos , ellos si que dormían, se despertaban a las once de la mañana cuando el gallo corría a su lado a despertarlos, después de varios: Co co ro co!!!, las únicas que tenían permiso para dormir eran las lechuzas, porque ellas cuidaban la granja toda la noche; pero los mas remolones por supuesto eran los pollitos.
Todos los días mamá gallina, inventaba una formula nueva para despertarlos; eso si, si los encontraba.
Los pollitos todas las noches buscaban un lugar en donde dormir y esconderse, de esa manera, la próxima mañana era mas difícil encontrarlos y podían dormir un poco mas.
Como la granja era muy grande, mamá gallina debía buscar por todas partes, entre las hierbas, debajo de la paja del granero, dentro de los baldes, entre los huevos de pato... tanto tiempo fue así que, mamá gallina conocía todos los escondites.
Una noche, cuando la luna brillaba muy grande y blanca, los pollitos remolones, decidieron buscar un lugar para dormir, pensaron y pensaron, hasta que al pollito mas grande se le ocurrió una gran idea, disfrazarse de lechuza, claro, como la lechuza tenía permiso para dormir siempre...
la mañana siguiente los pollitos se despertaron junto con los patos. Mamá gallina sorprendida, los felicitó y después del desayuno, los dejó que salieran a jugar, por la granja.
Los pollitos, decidieron que era hora de llevar a cabo esa idea tan brillante, y corrieron debajo de la cama de la lechuza.
Ese día la lechuza estaba muy resfriada y cada vez que estornudaba, de su cuerpo caían muchas plumas, suficientes, para que los pollitos pudieran cubrirse el cuerpo. Entonces cada uno guardó las plumas de la lechuza y esperaron a la noche siguiente.
Antes de ir a dormir, guardaron las plumas de bajo del nido, sin que mamá gallina se diera cuanta.
Cuando mamá gallina se durmió, todos los pollitos se pegaron las plumas al cuerpo, y ya no parecían pollitos! Sino lechuzas.
Esa mañana, cuando despertaron todos los animales de la granja, mamá gallina, como todos los días se levantó y se puso en camino en busca de sus pollitos, los buscó por todas partes y recorrió toda la granja: entre las hierbas, debajo de la paja del granero, dentro de los baldes, entre los huevos de pato... y nada, los pollitos había desparecido, claro que solo para mamá gallina, ellos estaban en una rama, durmiendo con su plumaje de lechuza, mientras que mamá gallina, los buscaba casi desesperada.
Cuando los pollitos se despertaron, estaba toda la granja buscándolos, y ellos tenían muchas ganas de tomar el desayuno, cuando bajaron de la rama, y corrieron hacia donde todos desayunaban, ya no había mas desayuno, y sin darse cuenta que estaban disfrazados con las plumas corrieron junto a mamá gallina y cuando los vio se dio cuanta que no eran lechuzas, sino que eran sus pollitos, desde el momento que fueron descubiertos, todos los animales de la granja decidieron como castigo que todos los días tendrían que preparar ellos el desayuno y por supuesto, nunca 

viernes, 23 de julio de 2010

El Desafío de la Princesa Rosalinda.

Había una vez en un reino muy muy lejano una princesa que se sentía muy triste ya que su padre la obligaba a casarse con su primo Joaquín. Rosalinda, muy triste por lo ocurrido, se puso muy mal ya que ella quería estar con Facundo el amor de suvida.
Facundo al enterarse de la noticia, reacciono muy mal y fue a hablar con el Rey Arturo -padre de Rosalinda- para que le de una explicación sobre lo ocurrido, ya que ellos tendrían que ocultar su amor para siempre. Arturo, enfurecido por su visita, le dijo: Facundo tu eres muy joven y talentoso pero yo quiero a Joaquín como esposo de mi hija así me quedare con la herencia de su familia y podré pagar mis deudas. Arturo muy arrepentido le pidió disculpas a Rosalinda y le explico el hecho. Mira Rosalinda -le dijo Arturo- no quise decirte nada antes porque no he encontrado la forma. Lo que sucedió es que Joaquín me ha dicho que si tu no te casas con él perderé todo! Hasta mi propia ropa y no quiero que suceda eso. Rosalinda sorprendida ha comprendido a su padre y se tuvo que arriesgar al hecho, pero mientras tanto Rosalinda y Facundo Vivian su amor a escondidas de Joaquín.
Hasta que llegó su boda y era el día mas triste de Rosalinda. Facundo cuando la fue a consolar le dijo: Vamos Rosalinda es por un tiempo nada más, verás que pronto todo esto acabará y seremos muy felices juntos. Tendremos nuestra boda llena de amor y no una falsa como ésta. La princesa al oír estas palabras de consuelo se sintió mucho mejor. Llegó el momento de decir el si y Rosalinda se casó con Joaquín. Tras esta boda infiel Rosalinda estaba muy triste por dentro pero al saber lo que venia después se sintió un poco mejor.
Luego del festejo de su boda, Facundo escuchó una conversación que tenía el padre de Rosalinda en la cual se sorprendió por las palabras que escuchó. Era puro engaño el que le había dicho a Rosalinda. Arturo quería que Rosalinda se case con Joaquín y así poder quedarse con la herencia que los padres de Joaquín le habían dejado.
Tras esta noticia, que Facundo había escuchado no dudó en ir y contárselo a la princesa y a Joaquín. Corrió lo más rápido que pudo para contarle a la princesa, pero Arturo enfurecido lo logró alcanzar y le dijo: tu no dirás nada porque sino me llevaré a Rosalinda y no la verás nunca más tu sabrás que hacer.
Al fin, Facundo decidió decírselo a la princesa Rosalinda y todo cambió.
Se divorciaron, el Rey se fue lejos …y vivió feliz para siempre.

Gladiola. La florcita que quería estar sola.

Cuento. Gladiola. La florcita que quería estar sola
Había una vez, un matrimonio joven que vivía en una casa con un jardín pequeño, pero muy bonito. En este jardín no había árboles, pero sí canteros con flores y plantas, césped y algunas macetas.
Una de las ventanas de la cocina de la casa daba al jardín. En el umbral de esa ventana, vivía Gladiola una flor muy bella que estaba plantada solita en una muy bonita maceta y a la cual la dueña de casa se encargaba especialmente de cuidar.
  Gladiola vivía feliz en su maceta, siendo reina y señora de su espacio, su tierra, el agua que recibía, en fin… dueña de todo. Muchas veces, mirando a las demás flores que convivían con muchas otras en los canteros del jardín, Gladiola se preguntaba cómo hacían para vivir tantas flores juntas.
-“¡Qué feo debe ser! ¡Qué incomodo, tener que compartir todo con otro! -se decía a sí misma.
 Sin embargo, las flores, que no vivían solitas, tenían cara de ser muy felices, cosa que a nuestra amiga la intrigaba por demás.
  Más de una vez, se ponía a conversar con ellas y les preguntaba cómo era eso de compartir una maceta o un cantero y que las cuidaran y regaran a todas juntas, y no a ninguna en particular. Todas las flores, sin excepción, le contestaban que era divertido y muy lindo, que se sentían muy bien acompañadas y que no cambiarían su lugar por el de ella por nada del mundo.
-“¡Deben estar loquitas éstas! -decía Gladiola, convencida de que no había nada mejor en el mundo que tener un espacio único y propio para uno mismo.
Una mañana mientras el matrimonio desayunaba, escuchó una conversación que jamás habría querido escuchar. El matrimonio estaba hablando de ella y decían que se veía muy sola en su maceta, que algo había que hacer, darle un compañero o compañera. “¡Jamás!”, pensó Gladiola, furiosa.
Sin embargo, ellos seguían planificando “ampliar la familia”.
-“Es lo mejor” -dijo la señora.
-“Este es el momento” –dijo su marido.
-“Pues entonces, pongámonos en campaña para darle una compañera a nuestra flor”.
Gladiola no creía lo que sus pétalos escuchaban. Estaba más que furiosa, no sabía qué hacer, no podía creer lo que sus dueños le iban a hacer. ¿Qué pasaba con ellos? ¿No era ella lo suficientemente linda como para embellecer el umbral de la ventana que necesitaban ponerle una compañera? Si ella no había pedido nada, ¿por qué tomaban esa decisión? Estaba más que bien solita y no quería compartir con ningún intruso su maceta, su umbral, la tierra que la sostenía y mucho menos a sus dueños, que con tanto cariño y esmero la cuidaban. Decidió que algo tenía que hacer. Como no podía hablar con ellos, de algún modo debía expresar su enojo. Sus dueños debían darse cuenta de que ella estaba muy desconforme con la decisión que habían tomado.
Fue allí cuando decidió enfermarse. Pensó que así, llamando la atención y haciendo que sus dueños se preocupasen por ella, no tendrían tiempo de pensar pavadas tales como comprar otra florcita, que además, jamás sería como ella.
Gladiola puso en marcha su plan: trató de que sus poros se cerraran lo más posible para absorber poca agua, la justa y necesaria, pero a la vez adelgazar y dar sensación de debilidad. Cerró sus pétalos al sol, con lo cual ya no se la veía rozagante y hermosa, trató de inclinarse lo más que pudo como para que viesen cuán frágil estaba.
Sin embargo, las cosas no siempre salen como uno las planea. El matrimonio, al ver tan mal a Gladiola, se preocupó mucho, es verdad; pero lejos de dejar su decisión de lado, fueron al vivero, compraron fertilizante (que es como una vitamina para las plantas), veneno para que los bichos no se le acercasen y corrieron la maceta hasta un lugar donde el sol llegase sin dificultad a cualquier hora.
Y Gladiola mejoró, a su pesar, pero mejoró. Y volvió a ser la flor más bella del jardín. Cuando ya estuvo recuperada del todo, llegó la intrusa. Una mañana, la dueña de casa llegó cargando en sus brazos una macetita de plástico con otra flor, muy parecida a Gladiola, a decir verdad, pero más chiquita.
-“¡Ahora si que no te verás tan solita! -dijo la dueña de casa.
Y sin que  ella pudiera evitarlo… ¡Zas! Le plantó la flor chiquita al lado. Y allí quedó, bien metidita en la tierra.
Las otras flores de los canteros no paraban de murmurar entre ellas.
-“Ya era hora de que se le fueran las ínfulas de reina que tenía. Se creía que merecía una maceta sólo para ella, ¡habrase visto semejante chiquilinada! ¡Estas florcitas de hoy, la verdad, no saben lo que quieren!
Y así fue como Gladiola empezó a convivir con la pequeña flor. Le costó muchísimo compartir su espacio, saber que ahora el agua que recibían era para las dos, tratar de vivir cómodamente en la misma maceta, pero con otro habitante.
Sin embargo, para sorpresa de nuestra amiguita, no resultó tan malo. No fue fácil, pero con el tiempo empezó a ser realmente lindo y divertido. La flor bebé realmente se hizo querer, y aunque muchas veces sus hojitas chocaban con las de Gladiola, era una excelente compañera de charlas y juegos. Se divertían tomando sol juntas, viendo cuál de las dos absorbía más agua que la otra, recibiendo ambas las caricias de su dueña.
Gladiola empezó a olvidar que alguna vez vivió sola en su maceta y aprendió que uno puede ser querido de igual modo, aunque no sea el único, que no se necesita estar solito y ser dueño de tu espacio para ser valorado, querido y tener un lugar en la vida. Lejos de eso, comprendió que era mucho, pero mucho más divertido compartir no sólo la maceta, la tierra y el agua, sino la vida con un compañero que sin duda siempre estaría allí en los días soleados y en los de lluvia también.
Autora: Liana Castello
Hecho el depósito de ley 11.723. Derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial.
Para pensar y charlar con papá y mamá:
- ¿Cómo te sentís cuando tenés que compartir tus cosas o a las personas que querés?
- ¿Tenés hermanitos? ¿Cómo te sentís con ellos? ¿Son una compañía o preferirías ser hijo único?
- ¿Crees que los papás atienden mejor a sus hijos cuando tienen uno solo? ¿Por qué?
- ¿Serías capaz de enfermarte como la florcita del cuento o hacer algo feo para no compartir tu gente y tus cosas?